Los niños blancos y sus perros

“Estoy harta de leer sobre niños blancos y sus perros” dijo Marley Dias, la chica de 11 años que inició, en Estados Unidos, la campaña #1000BlackGirlBooks. La hazaña de Marley habla de una representatividad ausente en una institución que ha sido durante siglos muy blanca y muy masculina. Su reclamo no nos cae lejos ya que la propia historiografía literaria costarricense adolece igual.

Le pregunto ¿cuántos escritores afrocostarricenses ha leído? Si su respuesta es ninguno o puede contarlos con los dedos de sus manos no es porque no los haya, se debe a que la omisión de textos de escritores afrocostarricenses en el canon literario nacional genera la poca difusión de estos. 

Sin embargo, en un esfuerzo por cumplir con el compromiso con el Decenio Internacional de los Afrodescendientes, proclamado por la ONU, el MEP a partir de este año ha incorporado en su lista de textos sugeridos a Carol Britton como compiladora y a las escritoras Shirley Campbell, Eulalia Bernard, Delia Mc Donald y Quince Duncan. 

¿Nos alegramos? Un poco pero no mucho. Esta inclusión significa que, de un corpus de un centenar de autores sugeridos, hay 5 afrocostarricenses que pueden ser leídos. Pero he aquí el dilema: la lectura dependerá de la selección del profesor y de que este pueda adquirir las ediciones de estos libros. Esto reduce las posibilidades porque, de estos 5 autores, solo había uno que podía conseguirse a inicios de 2018 y dos más que acaban de ser reeditados y puestos a circulación a mediados de este año; es decir, la posibilidad de que algún docente haya hecho estas inclusiones este año es una. Esto asumiendo que hayan buscado textos por su cuenta. En cuanto a las casas editoriales de libros de texto, la posibilidad se mantiene en una ya que en ellos solo figura uno de los autores. Entonces aunque haya una probabilidad remota de que los estudiantes puedan acceder a estos textos, todo está gestado para que esto no ocurra.

Pero ¿por qué es importante esta representatividad étnica?
La escuela reproduce una serie de estructuras, valores, principios y constructos que su sociedad considera importante. Cuando desde esta institución se vetan estas representaciones, se niega esa diversidad, se le dice al niño y a la niña que, en esa sociedad, alguien como él o ella no tiene cabida.
Mas no solo hay daño en negarles esa identificación, sino en darles a cambio, modelos estereotipados de quiénes son o de dónde vienen. La escuela, como institución social, debe a las poblaciones multiculturales esa representatividad y los maestros a cargo deben asumir esa deuda.
Entiendo a Marley, porque yo misma estoy harta de leer de hombres blancos y sus conflictos de hombres blancos. Apenas me estoy sacudiendo de más de 20 años leyéndolos y me maravillo con todas aquellas voces de mujeres negras, mestizas, indígenas que nunca conocí, que jamás me presentaron; me descubro en sus voces y es un viaje interior. Me imagino un espacio en donde las niñas como Marley encuentren pronto esa representatividad y puedan saltarse la fase en la que no existían para empezar a existir desde ya. ¡Es un mundo de tantas posibilidades!

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